Callao 542

CABA

Carta de despedida – Lic. Ricardo Moscato

Buenos Aires, febrero de 2021

Querida Comunidad educativa:

Como anticipara el P. Provincial en su carta de diciembre pasado, desde este nuevo año escolar los acompañará como rector el P. Jorge Black SJ quién se desempeña  como vicerrector desde Febrero del 2020. Les pido recibirlo en su nueva misión con todo el afecto y confianza de una comunidad educativa en marcha que celebra el renovado compromiso de la Compañía de Jesús en la misión educativa del Colegio del Salvador. Por mi parte, llegado el momento del retiro, les agradezco todo el apoyo recibido en  mi trayectoria en el colegio y especialmente en estos años en que asumí la responsabilidad del rectorado. 

En el camino de la educación ignaciana

Creo en la promesa de la espiritualidad y la educación ignaciana que viví primero como alumno de los jesuitas y que luego descubrí como vocación y misión. Creo que educar es evangelizar, invitando al encuentro con Jesús. En el camino fui comprobando que para lograrlo hay que crear condiciones: condiciones de libertad desde la formación de la conciencia para “buscar y hallar la voluntad de Dios” liberándonos de tantas “afecciones desordenadas” y condiciones de posibilidad de situaciones de aprendizajes integrales adquiriendo las necesarias competencias con profundidad y perseverancia.  

He experimentado primero como profesor, luego como director de Secundaria y finalmente como rector, que educar es el arte de la “cura personalis”, el acompañamiento pedagógico como medio eficaz de la apertura al vínculo con Dios, con los demás y con la creación. Compromete. Nos exige respeto, creatividad, perseverancia. Implica habitar allí donde algunos huyen o simulan, reconciliando donde otros dividen. Hacerse cargo del otro con ternura,  y con piedad, dejarse interpelar por el Otro. Todo esto no es una tarea individual sino que  necesita de toda una comunidad, como la del Salvador. Lo llamamos “cura apostólica”, cuidado y crecimiento de una comunidad que cree, reza y educa. Comunidad que aprende cotidianamente la paciencia como expresión del amor. Solo la paciencia aguanta la tensión entre lo que somos y lo que queremos ser. Paciencia con nosotros mismos, con nuestros hijos y alumnos, confiados en la misericordia de Dios, siempre mayor a nuestros fracasos, dolores y lágrimas. Paciencia en la enseñanza y el aprendizaje haciendo honor al pedido de Gabriela Mistral: “dame sencillez y dame profundidad, líbrame de ser complicada o banal en mi lección cotidiana”. Con gusto a MAGIS, se trata de “acompañar, aprender y compartir”,integrando cerebro, corazón y manos en todos y cada uno. Contando siempre con la familia, ya que la tarea de educar no se delega sino que se comparte. Con el  coraje espiritual de no ceder a la desesperanza.  De todo esto doy fe. 

Memoria agradecida, misión renovada

 Educar es un oficio de palabras. Escuchar, explicar, leer, escribir, preguntar, pensar. Tomar la palabra y dar la palabra, la que siembra el bien y la belleza. Como cristianos nos resuena la otra Palabra, de la cual somos testigos: “Y la Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros” (Jn1, 14). Por eso quiero compartir estas palabras de agradecimiento a la Compañía de Jesús, a todos los jesuitas, “amigos en el Señor”. Agradecimiento a mis compañeros del equipo directivo, a maestras, tutores, profesores, profesoras, a cada colaborador y trabajador del colegio, a los ex alumnos y desde ya, a cada alumno y  familia.A los presentes y a todos los que me fueron  acompañando en tantos años y ya no están. Y un agradecimiento especial a mi familia, mi esposa, hijos y nietos que sin estar en el colegio siempre estuvieron en mi corazón, haciendo posible mi dedicación y compromiso.

Agradezco al estilo de San Ignacio, serenando el corazón para compartir lo vivido  y descubrir la presencia de Dios en las experiencias vividas, los talentos recibidos, en las dificultades superadas, en los momentos en que nos sentimos más cerca de Jesús, el verdadero Salvador. Agradezco, descubriendo las huellas buenas dejadas por todos ustedes en mi corazón y animándolos a dejar huellas ignacianas en los demás. 

Siguiendo el examen de conciencia ignaciana, estas palabras son también para reconocer límites y fallas que no me permitieron mayores frutos o provocaron impedimentos. Palabras para re-conocernos como comunidad educativa que despide a uno de sus integrantes, así como recibe a otros y continua, renovada, su misión. 

Esta misión consiste en ser, junto con muchas otras comunidades educativas ignacianas en todo el mundo, tierra fecunda donde  encontrar a Dios en la vivencia de los Ejercicios Espirituales y en el discernimiento; donde caminar junto a los pobres hacia la reconciliación y justicia, educando en una nueva sensibilidad que amplíe nuestra mirada superando la indiferencia hacia el dolor del otro, especialmente de los más pobres.Misión de ser un espacio formativo sano y sólido donde familias, niños y jóvenes se sientan acompañados en la creación de un futuro esperanzador y colaboren  en el cuidado de la casa común de nuestro planeta. Parece mucho y difícil,  pero les propongo hacerlo, “con ala de poetas, señores de la armonía, domadores de los vientos”al decir de Leopoldo Marechal y recordar siempre lo del Evangelio“aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas, porque mi yugo es fácil y ligera mi carga” (Mt 11,30)

La vida se camina, dice la Biblia. Agradezco haber formado parte del camino ignaciano  de esta querida comunidad con educadores cordiales, competentes y comprometidos y familias presentes, responsables y solidarias. Entre todos construimos comunidad con sabor de hogar y destino de partida, con algo de “oasis” y mucho de taller donde se forjan voluntades, se ensayan personalidades, se descubren ideales, se nutren inteligencias, se enlazan amistades. Entre todos intentamos ayudar a nuestros alumnos a descubrir todas sus dimensiones humanas, y especialmente las que son frecuentemente olvidadas en nuestra sociedad: la dimensión espiritual de la interioridad, la dimensión humana de la solidaridad, la del saber profundo y  creativo al servicio de los demás.  Y así, conscientes de las mismas, invitarlos a encontrar el sentido profundo de la vida para en “todo Amar y Servir”

Es un difícil desafío para el cual nos preparamos y organizamos conformando un itinerario formativo con sus metas, programas y actividades a través de la herramienta  del MAFI (Mapa de Aprendizajes para la formación integral) y sus dimensiones socio afectiva, cognitiva y espiritual religiosa. En los últimos años el Sistema de calidad de la gestión escolar (SCGE), animado por la Federación Latinoamericana de colegios jesuitas (FLACSI) nos ha ayudado a potenciar fortalezas y atender debilidades, en la dinámica del mejoramiento continuo, la articulación académico pastoral y la innovación con sentido. En este sentido, contamos con el fraternal acompañamiento de RAUCI (Red argentina uruguaya de colegios ignacianos) 

Hacia una nueva etapa con discernimiento, fidelidad y creatividad

Les pido disponerse para una nueva y fecunda etapa de nuestro proyecto educativo. Estoy seguro que toda la comunidad educativa, de alumnos, docentes, familias y colaboradores seguirán desarrollando con fidelidad,  creatividad, responsabilidad y amor su misión. Se trata de seguir resolviendo creativamente la tensión entre la continuidad de lo esencial y los cambios que nos hacen pertinentes, entre los rasgos de identidad y las necesidades actuales, especialmente en estos tiempos alterados. Y como tenemos buenas raíces, tenemos futuro. 

Formando parte de la red educativa mundial jesuita, “tradición viva en el siglo 21”,el colegio está preparado parair avanzando hacia nuevos paradigmas educacionales con identidad, creatividad y responsabilidad. Para responder a estos nuevos desafíos, la espiritualidad ignaciana nos regala el discernimiento para descubrir un Dios en movimiento, siempre misericordioso que “trabaja y labora por mí en todas las cosas creadas sobre la faz de la tierra, esto es se comporta como uno que está trabajando” (EE 236).  Contamos con unapedagogía de la mística de los ojos abiertos”  que nos ayuda a percibir a toda la realidad y con unapedagogía de la mística de los ojos cerrados” paradiscernir la voluntad de Dios en lo profundo de nuestro corazón. Y en todo, con la Pedagogía Ignaciana  como modo de proceder y estilo educativo que  nos abre nuevos horizontes para provocar experiencias significativas de aprendizajes a través de un autentico acompañamiento. Discernimiento teniendo presente lo de San Pedro Fabroal pedir la graciadetodo el bien que pudiese realizar, pensar u organizar, se haga por el buen espíritu y no por el malo”. El discernimiento nos encamina al “buen espíritu” que nos pone en unidad, que nos une en la diversidad, nos hace superar lo que  dispersa y agobia, nos alegra el corazón, nos impulsa a salir afuera y encontrar a los demás en el servicio, especialmente a los más pobres. 

Contamos con el discernimiento personal y comunitario para evitar ser manipulados por las urgencias y tendencias del momento yprofundizar una ascética de navegantes en este mundo líquido y una mística de humildad al experimentar, contra todas las evidencias, “a Dios caminando en medio de la noche sobre las olas encrespadas”. Como dice Benjamín González Buelta SJ “no somos dueños ni del mar ni de sus tempestades y calmas ni del  horizonte con su color y distancia, solo dueños de nuestras barcas”

Edificado y agradecido por tanto bien recibido

San Ignacio dice al comienzo de los EE que “el hombre… es creado por Dios”. De alguna manera hemos “sido creados” en estos años junto a toda nuestra comunidad. Creados Junto a  Jesús, Salvador, de quién el colegio lleva su nombre. Junto al ejemplo de San Ignacio de Loyola y tantos santos de la Compañía y de Iglesia.  Pero también “creados” con el ejemplo de tantas personas de buena voluntad, de conductas virtuosas en sus profesiones, en sus estudios, trabajos, como alumnos, educadores, padres y madres de familia, como hombres y mujeres de bien. Les quiero compartir esta memoria agradecida, recuperando estas “vidas ejemplares” que nos han hecho mejores cristianos y personas. Seguramente encontraremos los rostros de esa ejemplaridad.  Dentro y fuera del colegio. Entre nosotros y entre los más pobres. Están para siempre en mi corazón. 

En tiempos de “deconstrucciones” como los actuales, les agradezco especialmente haberme permitido ayudar a la “edificación” de nuestra comunidad educativa y haber sido “edificado” por ustedes. Ser edificado es ser acompañado, educado  y misionado. Gracias a todos por la confianza para edificarnos unos a otros como artesanos de la esperanza.  Y haciéndolo, encontrar a Dios “en todas las cosas”.

Les deseo que puedan seguir escuchando a Jesús Salvador, diciendo como a los discípulos en la última cena “Ustedes se han mantenido a mi lado en mis pruebas” (Lc22, 28). Lo comprobé una vez más en el 2020, atravesando juntos un año disruptivo marcado por la pandemia.  En esta prueba y en tantas otras, ustedes, querida comunidad del Salvador, han sido fieles en la adversidad, generosos en el servicio, han permanecido en la fe, se han sostenido en el amor. Como dice el Papa Francisco “no se desanimen ante las dificultades que presenta el desafío educativo, denles a los jóvenes esperanza para afrontar su camino en el mundo, enséñenles a ver la belleza y bondad de la creación que siempre conserva la huella de su Creador”

Me despido con la convicción de que el tiempo es superior al espacio. De que el  tiempo largo de la propuesta de educación ignaciana es superior a los espacios que ocupamos. Como no hay jubilación de la vocación cristiana y educadora los seguiré acompañando desde la pertenencia a la familia ignaciana y del sincero  afecto que nos une. Ha sido un verdadero regalo de Dios realizar este servicio y ahora entregar la posta al P. Jorge como lo han ido haciendo nuestros predecesores durante 153 años, confiando en Dios y en la comunidad educativa, agradecidos y esperanzados. 

Le pido especialmente a la Virgen María, en la advocación de  Nuestra Señora de los Milagros, a quién consagré el colegio al asumir el rectorado el 9 de Diciembre del 2010, que cuide siempre la comunión de familias, alumnos, docentes, colaboradores y ex alumnos con el compromiso de educar para que la Vida nueva que brota del Evangelio transforme el corazón de cada uno de nosotros y de toda la sociedad. Que Dios los bendiga. AMDG